domingo, 21 de junio de 2015

Sabiduría egipcia: Maat, todo tiene un orden

Los antiguos egipcios hicieron muchos regalos al patrimonio de la humanidad: las grandes pirámides de Guize, serenas y majestuosas, desafiando a la eternidad; los elegantes templos clásicos, símbolos pétreos de la creación del mundo; las estatuas vivas de hombres y dioses, con su hierático semblante; los jeroglíficos, siempre enigmáticos y siempre encantadores, llenos de posibilidades... Todo eso y mucho más nos llega día tras día de las orillas del Nilo,
en fotos, en museos y exposiciones, en conferencias y cursos. Sin embargo, tras este rico legado físico e intelectual, existe también un bien mayor que los egipcios insistieron en ofrecer a todos los seres humanos: una idea, una inspiración, un anhelo. Le pusieron por nombre Maat y la identificaron con una diosa femenina que porta una pluma de avestruz sobre su cabeza. En ocasiones aparece con alas, en actitud de protección. Otras en cuclillas, con el cuerpo envuelto y recogido en sí mismo; pero siempre, siempre, con su pluma sobre la cabeza, tanto que a veces ella sola personifica a la diosa y al concepto filosófico-ético que esconde.

La diosa Maat representada con forma de mujer con la pluma sobre la cabeza.
Tumba de Userhat. TT56. Orilla occidental de Luxor, Egipto.
Foto cortesía de Juan Friedrichs.

Maat no es fácil de definir. La palabra se puede traducir como "verdad", "justicia", "orden", "armonía" e incluso "medida" y "coherencia", en el sentido de que todas las partes de un todo, para trabajar juntas, deben estar en concordancia. Maat es espejo filosófico del orden cósmico: en la Naturaleza todo está ordenado, todo tiene su función y su finalidad en el conjunto. Todo tiene un porqué, una causa y también un destino, un fin hacia el que se dirige, que da sentido a su caminar, que otorga "coherencia" a su periplo vital.

Sethy I ofrendando Maat en su templo de Abydos. Foto de Naty Sánchez.

Por eso "estar en Maat" significaba vivir en armonía con uno mismo, con los demás y con la vida. Cuando paseamos por el templo de Abydos, por ejemplo, descubrimos a Sethy I en un relieve, sereno y majestuoso, arrodillado ante los dioses, ofrendando con su mano una figurilla de Maat. Es la ofrenda por excelencia del rey egipcio: como Horus en la tierra, su deber primordial es mantener la Maat en el país, que haya justicia, que el mal, en cualquiera de sus facetas, no campe a sus anchas. 

Peso del corazón. Relieves del templo de Hathor en Deir el-Medina. En un platillo se aprecia el ib, en el otro la pluma. La diosa ha sido personificada además delante de la balanza.
Foto de Naty Sánchez.

La escena más famosa relacionada con la diosa se suele llamar "el peso del corazón". En realidad es un pasaje del Libro de la salida al día (Libro de los muertos), que escenifica con magistralidad lo que los egipcios consideraban el gran juicio en el más allá que se debe enfrentar tras la muerte. La escena tiene muchas variantes, pues aparece en papiros, relieves, pinturas y otros objetos del ajuar funerario. En síntesis, nos muestra una balanza colocada ante el trono de Osiris y vigilada por Horus, Anubis o Thot, Ante ella está presente el difunto, que observa cómo se pesan en los platillos su ib (pensamiento, conciencia, las decisiones que tomó) y en contrapeso la ligera pluma de la Hija de Ra. Según el resultado de este balance, el alma sufre un destino u otro. Pongamos que sale triunfante; en tal caso puede recitar la llamada "confesión negativa", nombre poco oportuno para un texto de gran positividad. En este exquisito fragmento filosófico-ético se aprecia el sentido que daban los egipcios a "vivir en Maat", su sentido de lo que está bien y lo que está mal, su confianza en una justicia cósmica que no es impuesta, sino que deviene del orden natural. Algunos versos son estos: 

No he causado sufrimiento a los hombres. 
No he empleado la violencia con mis parientes. 
No he sustituido la injusticia a la Justicia. 
No he frecuentado a los malos. 
No he cometido crímenes. 
No he hecho trabajar en mi provecho con exceso. 
No he intrigado por ambición. 
No he maltratado a mis servidores. 
No he blasfemado de los dioses. 
No he privado al indigente de su subsistencia. 
No he cometido actos execrados por los dioses. 
No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo. 
No he hecho sufrir a otro. 
No he provocado el hambre. 
No he hecho llorar a los hombres mis semejantes. 

No existía ningún libro dogmático que impusiese una conducta rígida, pues actuar por Maat debía ser "la tendencia natural del corazón". Los sabios egipcios redactaron una serie de enseñanzas sobre Maat que hemos denominado Textos sapienciales, o también Instrucciones. En ellos procuraban aconsejar sobre qué tipo de conductas armonizaban con Maat y cuáles la trasgredían. Para ellos actuar contra Maat no es "pecado", sino ignorancia. Tales actos contravienen la armonía y hacen a la persona infeliz y desequilibrada, por lo que finalmente uno mismo es el mayor perjudicado. A continuación os dejo un pequeño vídeo con algunas enseñanzas tomadas de estos grandes maestros del antiguo Egipto, espero que os inspire y os anime a conocer un poco más este legado de sabiduría para el arte de vivir.



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