martes, 2 de junio de 2015

Creación Gloriosa



Las flores y los poemas tienen vínculos comunes. Son sutiles e instantáneos, viven el momento. La flor nace de un pequeño grano que se esconde bajo tierra, donde parece dormir un tiempo hasta que comienza a emerger en forma de tallo, valiente y altivo.
Cuando alcanza cierta altura un pequeño corazón va creciendo a fuerza de latidos, recogiéndose, capa sobre capa, en sí mismo. Sin embargo, llegado al punto de máxima concentración, no quiere vivir más hacia dentro y se despliega suave y vibrante desde su centro hacia todas las direcciones y, alcanzada la máxima expansión, exhala su perfume embriagador. Su fusión con la vida ha sido total. Mañana, renacerá en otra flor.

El poema se gesta como semilla en la tierra fértil de la mente de su creador. Allí cobra fuerza en lo invisible hasta que impulsado por su alma se despliega sobre un pliego que le otorga cuerpo material. Ahora está en el mundo, pero sigue encarcelado en sí mismo hasta que consigue resonar en el corazón de otro ser humano, porque éste lo ha leído o escuchado en una voz intermediaria. Entonces, y sólo entonces, se abre el capullo de pétalos prisioneros y exhalan la esencia de su identidad. Su fusión con la vida ha sido total. Mañana, renacerá en otra persona.

Naty Sánchez

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