miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sedientos de Belleza

Somos seres sedientos de Belleza. Caminamos por el mar de la vida sorteando arrecifes de sirenas e islas con cíclopes. En el cansancio de la travesía, heridos por este misterio de la existencia, alzamos la mirada en busca de respuestas, de comprensión, de claridad. Un silencio inmenso nos responde, un silencio que lo abarca todo, que lo penetra todo, que lo gobierna todo. Y en un momento dado, sordos a la melodía cósmica, nos sentimos solos, muy, muy solos. Damos un paso adelante al amanecer, seguimos respirando, y tratando de que ese vacío no nos ahogue, buscamos el consuelo de la belleza. Nos dejamos envolver por sus dedos suaves, por su mirada amable. Nada nos pide, nada reclama por nuestro acto de devoción hacia ella. Sólo nos mira de soslayo, como si entendiera... Y al paso de los días se vuelve nuestra compañera. Nos sonríe y le devolvemos la sonrisa. Nos alienta y aceptamos un desafío. Nos inspira y dejamos emerger el arte interior. Ni nos dimos cuenta... pero su magia nos curaba con dulces ecos de melancolía. De pronto sentimos de nuevo el vigor de nuestras alas; la voz enérgica que surge en quien cree que todo tiene un sentido, que hay esperanza, que el sol brilla para todos y alguien, en el jardín inquieto de la incertidumbre, susurra con canciones que vivir es un don... y que la estrella del destino aguarda en el horizonte de nuestra voluntad para ser conquistada. Gracias, Belleza, hija del Cielo, nacida de la espuma... ¡Que tu nombre sea pronunciado cada vez que una lágrima irrumpa en el océano primigenio del dolor!