domingo, 24 de octubre de 2010

Esculturas poéticas: el Escriba sentado

Imagen: Escriba sentado. IV Dinastía (2613-2498) Museo del Louvre, París.

Te encontraron en las arenas de Saqqara, inmóvil y silencioso, inmerso en tus tareas milenarias. El primero que te vio quizá se aturdió por tu mirada inquisitiva, cristal de roca imperturbable que anhela mirar con pupila humana. Ironías del destino, ni un solo jeroglífico se grabó en tu efigie, y ocultando tu identidad, agigantas tu misterio. Eres el testimonio mudo de los discípulos de Thot, escritor sin palabras de una estirpe de hombres enamorados del saber. 
Tu piel de caliza apenas retiene ya el tostado abrazo del sol que bañó tu vida. Nos contemplas impertérrito con distancia secular, escondiendo tus pensamientos con burlona sonrisa de Gioconda. ¿Proteges acaso los herméticos secretos de las pirámides? ¿Leíste quizá el perdido libro de Thot en su vieja biblioteca?  ¿Escuchas el dictado de benéficas enseñanzas en la Casa de la Vida? No oprimas más tus finos labios, no aletargues el silencio…
¡Quién pudiera insuflar espíritu a esta piedra y que el escriba cobrara ímpetu de nuevo! ¡Qué no daría por ver sus ágiles dedos y su cálamo diligente volar sobre el papiro! ¡Oh arte milenario, que haces a los hombres inmortales deteniendo su imagen en el espacio, embaucando a los señores del tiempo! Gracias por conservar para la memoria el perfil de estos hombres singulares. Gracias, escultor anónimo, por tu legado generoso, por haber mediado entre dos puntos de la Eternidad.

N.S.