miércoles, 21 de diciembre de 2011

Lo espiritual en el arte

"Lo espiritual en el arte"... Con estas palabras inauguró Kandinsky el arte abstracto en el siglo XX... eran el título de un libro que pretendía luchar contra el paso arrollador de la "pura verdad materialista". Probablemente, lo que él soñaba quedó muy lejos de las manifestaciones posteriores a que dieron pie sus ideas. Suele pasar...
Pero ya no quedan muchos ismos que defender y ese agotamiento nos coloca ante una nueva encrucijada interior, a la hora de crear en esta centuria naciente. Si dejamos de lado la parte formal del asunto y nos centramos en la búsqueda de trascendencia que impulsa al genio, quizá deberíamos plantearnos cuántas veces hemos "trascendido" como artistas respecto a nuestras propias creaciones, cuántas veces hemos logrado que alguien se quede sin respiración leyendo nuestro poema o enredado en las notas del instrumento que amamos; cuántas veces hemos sido refugio de las maldades humanas y cuántas veces hemos despertado compasión, ternura, generosidad y esperanza en los corazones desencantados.

Oigo de lejos rugir el asfalto. Tigres de aluminio devoran las lágrimas calladas. En el mundo hay suficiente horror, agotadora maldad, venenosa indolencia, ciega vanidad y orgulloso deseo. Quizá unas gotas de luz en las palabras, armonía en los ecos musicales, belleza en las formas y excelencia en el alma del arte, nos devuelvan aquella espiritualidad que no es "coto reservado" de religión alguna, ni siquiera de la religión del materialismo: se trata de nuestra propia humanidad, poderoso diamante que todos poseemos.

Cuando un año nuevo se acerca, viene con él un futuro de incertidumbre, que esconde una suave ilusión. Ojalá cada uno de nosotros, como artistas de la vida, podamos ofrecer al Señor del Tiempo un canto a la alegría. Seguramente será "una gota en el océano", como dijo aquella heroína de Calcuta, "pero sin esa gota, el océano no sería el mismo".

¡Felices fiestas y noble futuro para todos!

Naty Sánchez

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