lunes, 14 de febrero de 2011

EN LA ERA DE LA COMUNICACIÓN

Arlequín, Pablo Picasso (1918)
Hemos nacido en la era de la comunicación. Incontables toneladas de papel se desperezan cada día y salen a la calle cargadas de noticias para tenernos informados. En la última década, y por la sorprendente difusión de internet, la situación se ha vuelto instantánea: en cualquier momento se accede a lo que acaba de suceder en el meridiano más distante de esta bóveda achatada. Y ahora nace el e-book, un invento maravilloso que va a revolucionar nuestra forma de entender la lectura.
Sin embargo, obnubilada con tal océano de datos, reflexiones, métodos y alternativas, una siente a veces que se marea; son tantas las posibilidades de que dispone... Y es que información no siempre es conocimiento, y conocimiento no siempre es sabiduría. Los sabios y artistas orientales, en este sentido, compensan el horror vacui que padecemos en Occidente; para ellos, un poema de tres líneas es una puerta al universo; una breve sentencia o koan aclara miles de dudas.
En otro orden de cosas, resulta digno de admiración que durante siglos los mejores libros de la humanidad se transmitieran por vía oral. Estamos hablando de obras literarias de miles de versos como el Mahabharata (o La Ilíada y la Odisea en la parte del planeta que nos toca); aún hoy pueden visitarse en La India escuelas dedicadas a ello. ¿Qué fuego podría devorar tantas bibliotecas humanas? Así, en vez de conservar la sabiduría en los estantes, marchaban con ella por doquier. Para consultar un capítulo bastaba concentrarse y su mente estaba siempre poblada de aquellos seres que consideraban los mejores de su civilización.
Es evidente que eran otros tiempos, no crean los editores que esta reflexión pretende menospreciar los logros de la era moderna… ni mucho menos. Somos muy afortunados al disponer con facilidad de todo lo que se ha dicho y pensado por escrito y quien escribe es la primera en disponer de una nutrida biblioteca, clásica y digital. Lo único que anhela plantear este breve y humilde texto es una sencilla pregunta: ¿lo estamos aprovechando?

Naty Sánchez

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