lunes, 27 de febrero de 2012

Libros mágicos e imaginación vibrante que se baña en las letras

Esta mañana me he levantado, he preparado un café humeante y he abierto la computadora preguntándome qué habría en el correo o qué nuevas interesantes habría en Facebook. Mientras degustaba esa taza de aromas irlandeses iba eliminando los típicos correos publicitarios, leía algún mensaje importante y echaba un vistazo a ese menú internacional sin esperar más que alguna foto simpática en la que clickear "me gusta".
Sin embargo, un par de alumnos se estaban pasando un enlace que parecía no haber llamado la atención de nadie. Vi que duraba 15 minutos y pensé: "Oh, demasiado largo", y escuché mis propios pensamientos con estupor !!!!! ¿Me estaba incorporando al club de los estresados que no admiten más que lo fugaz en sus inconstantes y aceleradas vidas? Así que decidí concederme ese cuarto de hora para mí propio disfrute, sin otra intención que saborear aquel corto que parecía hablar de libros...

En mis sueños de adolescente siempre creí que si entraba por sorpresa en una biblioteca descubriría in fraganti a los libros fuera de sus estantes, conversando entre ellos e intercambiando fascinantes historias. El autor de este corto parece haberse introducido en mi mente para explorar ese fascinante misterio que supone un libro: es algo más que un objeto físico de papel apilados en tablas de madera. Y si no me creen, hagan la prueba, rodeándose de ellos poco a poco. Cuando tengan una sala-despacho-rincón evocador con la colección de obras que más huella han dejado en su vida, comparen lo que sienten allí con lo que emite una habitación vacía de estos curiosos seres. Por mucho lujo que le agreguen o por más que intenten camuflar su esterilidad con esas maquetas de tomos falsos que se venden para adornar... sentirán un extraño vacío. En la otra salita, por muy humilde que sea, intenten pasar algunas horas... quizá lleguen a percibir el hechizo de aquellas mentes privilegiadas susurrando desde la eternidad. Se lo deseo de todo corazón.



Naty Sánchez